Iglesia del Convento de San Miguel

ORATORIO DE SAN JUAN DE LA CRUZ. CARMELITAS DESCALZOS

Situado al fondo de la calle de San Juan de la Cruz, el convento fue fundado en 1587.

De su primitiva fábrica, comenzada a finales del siglo XVI y realizada a lo largo del siglo XVII, únicamente se conserva el Oratorio, comenzado en 1627 como primer templo del mundo dedicado a San Juan de la Cruz.

El Oratorio presenta una sola nave con una cabecera octogonal. Posee un coro alto, lugar en el que se sitúa la celda donde murió el Santo carmelita y dónde se emplaza un templete que custodian sus reliquias.

La cabecera, octogonal como hemos dicho, se cubre por un interesante retablo barroco en cuyo centro se sitúa una imagen de San Juan de la Cruz flanqueada por las escultura se San Elías y Santa Teresa.

El espacio está dominado por un sepulcro con escultura yacente del Santo segoviano, realizada en el pasado siglo por el malagueño Francisco Palma de Burgos.

La fachada principal Fachada Principal presenta en una portada con arco de medio punto enmarcada por columnas corintias de fustes lisos y elevadas sobre plinto. El cuerpo superior lo centra una hornacina avenerada que alberga, entre pilastras cajeadas de capitel jónico, la imagen de San Juan de la Cruz. Esta queda flanqueada por sendos escudos de la Orden Carmelitana.

Se remata con un cuero coronado, con la imagen de la Inmaculada en su interior y sostenido por sendos angelotes

La actual Iglesia data del siglo XX y se realizarán en estilo neoclásico. En ella desde el siglo XVII, como hemos dicho se venerará la antigua imagen del Cristo de la Caída desaparecida en 1936.

Con las Desamortizaciones del siglo XIX la Iglesia se arruinará hasta su reconstrucción en el siglo XX, cuando vuelven los carmelitas, en 1905, a la ciudad y con ellos la imagen del Caído a su templo original[1].

Desde esta Iglesia, saldrá en procesión la Cofradía desde 1929.

Presenta esta iglesia planta de cruz latina con tres naves. En el transepto se levanta una cúpula que nos hace elevar la vista cuando estamos bajo ella. La cabecera, plana, presenta una hornacina presidida por la Virgen del Carmen. El testero se decora con pinturas murales realizadas por el malagueño Francisco Palma de Burgos en las que aparecen los Santos Reformadores del Carmelo, San Juan y Santa Teresa, que elevan su mirada al rompimiento celeste presidido por San Miguel.

Recientemente en el transepto, a ambos lados del Altar Mayor, han quedado instaladas sendas pinturas realizadas por el maestro y humanista ubetense Manuel García Villacañas con temática muy vinculada a la Orden Carmelita. En el lado de la epístola San José es escogido por Dios para ser el esposo de María y velar por su Hijo; al lado contrario, en el del evangelio, Elías asciende a los cielos en un carro de fuego tirado por dos vigorosos y blancos corceles ante la mirada atónita de Eliseo.

La portada exterior, de escaso interés artístico, pero siguiendo el esquema tradicional de los modelos carmelitanos, está presidida en su segundo cuerpo por una rotunda escultura dedicada a San Miguel realizada por el maestro ubetense Marcelo Góngora Ramos.

[1] En 1913 la imagen ya se veneraba, tras largo pleito con la rama femenina de la Orden Carmelitana, en el Oratorio.